La mayoría llega cuando anochece. Tras días, semanas o meses de viaje, Irun aparece como la última ciudad antes de esta frontera. Pero llegar no significa haber llegado.
La estación, las calles desconocidas, el cansancio y la incertidumbre convierten estos pasos en un territorio de preguntas. Es entonces cuando aparecen las personas voluntarias de Irungo Harrera Sarea, una red ciudadana que acompaña, orienta y ofrece una primera acogida a quienes continúan su camino hacia el norte.